El desierto de los tártaros de Dino Buzzati

Reseña, argumentos y curiosidades de El desierto de los tártaros de Dino Buzzati

Saqué este libro de la biblioteca porque mi compañero de trabajo me lo había recomendado. Ya vamos conociendo nuestros gustos y cuando me recomienda algo suele acertar. El desierto de los tártaros es la obra maestra o magnum opus de Dino Buzzati. En esta edición de Alianza Editorial la traducción es de Esther Benítez.

Con la primera traducción al español en Gadir Editorial en 1985 venía un prólogo de Borges. A ver si encuentro la edición o el prólogo y puedo leerlo que no venía con la de Alianza Editorial.

Argumento

El teniente Giovanni Drogo es destinado a la Fortaleza Bastiani, una fortaleza fronteriza, que linda con el desierto donde tienen que defender el país de una invasión, la de los tártaros que nunca llega.

El anhelo de todos los integrantes de la fortaleza es alcanzar la grandeza en en combate, defendiendo a su patria, pero Bastiani es una frontera muerta frente a un desierto donde veremos pasar la vida de los hombre dentro de la rutina diaria. Sin tener nada que hacer ni nada a lo que aspirar. Monotonía. La llamada del desierto, la melancolía. la rutina

Si tuviera que definir este libro con una sola palabra sería melancolía. Dudaría entre rutina y melancolía, pero dejaría fuera tristeza (para La tumba de las luciérnagas) , o soledad que se la asignaría a La lluvia amarilla.

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El paso del tiempo, inexorable, dejando pasar la vida a cabmio de una esperanza en lugar de aprovecharla al máximo.

Llegar al final de la vida y darte cuenta del error.

Si eres de los que que le gusta la acción en las novelas no intentes leerla, si quieres una lecutra alegre para levantar el ánimo tampoco te la recomiendo. En cambio si quieres reflexionar sobre las cosas importantes en al vida y cuándo hay que vivirlas, dale una oportunidad.

Es curiososo porque el libro nada más acabarlo me dejó un poco indiferente. Pero a medida que pasan las semanas se intensifica la sensación de grandeza al hablar de él y aparece en muchas de mis reflexiones. Y realmente valoro estos libros que cuanto más tiempo pasa, más te acuerdas de llos..

El paso del tiempo

Algo que suelo anotar siempre son las referencias que hacen al paso del tiempo. Es un tema que se está convirtiendo en recurrente dentro de mis intereses. Si a ti también te gusta puedes leer Cómo funciona el tiempo de La lluvia amarilla

En este libro no he podido resistirme a transcribir un par de fragmentos que me han gustado mucho sobre el paso del tiempo.

Y mientras tanto, precisamente esa noche -oh, silo hubiera sabido, quizá no tendría ganas de dormir-, precisamente esa noche comenzaba para él la irreparable fuga del tiempo.

Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años discurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casas, en las puerta, las personas mayores saludan benignas, y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas que se esperan más adelante; aún nos e ven, no, pero es seguro, absolutamente seguro, que un día llegaremos a ellas.

¿Queda aún mucho? No, basta con atravesar aquel río de allá al fondo, con franquear aquellas vedes colinas. ¿No habremos llegado ya, por casualidad? ¿No son quizá estos árboles, estos prados, esta blanca casa lo que buscábamos? Por unos instantes da la impresión de que sí y uno quisiera detenerse. Después se oye decir que delante es mejor, Y se reanuda sin pensar el camino.

Así se continúa andando en medio de una espera confiada, y los días son largos y tranquilos, el sol resplandece alto en el cielo y aparece que nunca tiene ganas de caer hacia poniente.

Pero en cierto punto, casi instintivamente, uno se vuelve hacia atrás y e que una verja se ha atrancado a sus espaldas, cerrando la vía del retorno. Entonces se siente que algo ha cambiado, el sol ya no parece inmóvil, sino que se desplaza rápidamente, ¡ay!, casi no da tiempo de mirarlo y ya se precipita hacia el límite del horizonte; uno advierte que las nubes ya no se estancan en los golfos azules del cielo, sino que huyen superponiéndose unas a otras, tanta es su prisa; uno comprende que el tiempo pasa y que el camino un día tranquilo tendrá que acabar también.

Cierran en cierto punto a nuestras espaldas una pesada verja, la cierran con velocidad fulminante y no da tiempo de regresar. Pero Giovanni Drogo en se momento dormía, ignorante, y sonreía en sueños como hacen los niños.

Pasarán días antes de que drogo comprenda lo que ha sucedido. Será entonces como un despertar. Mirará a su alrededor, incrédulo; después oirá un pataleo de pasos que llegan a sus espaldas, y se le adelanta para llegar primero. Oirá el latido del tiempo escandir ávidamente la vida. A las ventanas ya no se asomarán risueñas figuras, sino rostros inmóviles e indiferentes. Y si él pregunta cuánto camino queda, ellos señalarán de nuevo al horizonte, sí, pero sin ninguna bondad ni alegría. Mientras tanto los compañeros se perderán de vista, alguno se queda atrás agotado; otro ha escapado delante; ahora ya no es sino un minúsculo punto en e horizonte.

Detrás de aquel río -dirá la gente-, diez kilómetros más y habrás llegado. Pero nunca se acaba, los días se hacen cada vez más breves, los compañeros de viaje más escasos; en las ventanas hay apáticas figuras pálidas que sacuden la cabeza.

Hasta que Drogo se quede completamente solo y aparezca en le horizonte la franja de un inmenso mar azul, de color plomo. Ahora estará cansado, las casas a lo largo del camino tendrán casi todas las ventanas cerradas y las escasas personas visibles le responderán con un gesto desconsolado: lo bueno está detrás, muy detrás, y él ha pasado por delante sin saberlo. ¡Oh!, es demasiado tarde ya para regresar, detrás de él se amplía el estruendo de la multitud que lo sigue, empujada por idéntica ilusión, pero aún invisible por el blanco camino desierto.

Y más adelante casi al final del libro

¡Oh, si lo hubiera pensado la primera noche que subió las escaleras de una en una! Se sentía un poco cansado, es cierto, tenía como un aro en la cabeza y ningún deseo de la habitual partida de cartas (también anteriormente, por lo demás, había renunciado a veces a subir las escaleras a la carrera por culpa de malestares ocasionales). No le asaltó la más remota sospecha de que aquella noche era muy triste para él, de que en aquellos peldaños, en aquella hora concreta, terminaba su juventud, de que al día siguiente, sin ninguna razón especial, ya no volvería al viejo sistema, ni al otro día, ni más adelante, ni nunca.

Galería de fotos

Algunas fotos que tomé del libros. Si bien no se habla de ningún oasis ni por la ambientación parece que sea un desierto que contenga oasis. Me ha hecho gracia poner uno. Pero no he abusado y no he puesto camellos ;-)

La película

Ahora mientras escribo esta reseña y busco algo de información, he visto que existe una película, una adaptación de 1976 por Valerio Zurlini, se trata de una producción italo-franco-alemana.

Voy a intentar buscarla y si consigo verla cuento aquí qué tal.

También se ha escrito Esperando a los bárbaros del Premio Nobel de literatura John Maxwell Coetzee en 1980 inspirada en el libro de Buzatti

¿Quiénes son los tártaros?

No podemos abandonar el libro sin hacer referencia a los tártaros. Según la Wikipedia es el nombre colectivo que se le da a los pueblos túrquicos de Europa Oriental y Siberia. Originariamente se llamaba así a pueblos mongoles del siglo XIII pero se acabó generalizando y llamando tártaro a cualquier invasor asiático procedente de Mongolia y occidente de Asia.

Es un tema que de momento no voy a ampliar, pero que dejo aquí anotao por si en un futuro se despierta mi interés y lo retomo.

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